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AL DIA SIGUIENTE DE LA CONQUISTA
Juan Miguel Zunzunegui (Autor) · GRIJALBO · TB
3 opinionesQuedan 49 unidades
21,68 €Una maravilla, descripciones y bien documentado. Emocionante
un gusto muy grande haberlo adquirido, bueno no BUENISIMO
Es uno de los “peores” libros para comprender lo ocurrido después de la conquista, comenzando por su postura abiertamente extremista: profundamente crítico con los mexicas y, al mismo tiempo, notablemente benevolente con Cortés y con España. El planteamiento del autor parece reducirse a una dicotomía simplista: ¿quién es peor, una cultura que practicaba sacrificios humanos o unos “conquistadores” que “impusieron” una religión a otro pueblo? Para él, la respuesta es evidente: los primeros. A lo largo del libro se insiste de manera reiterada en que deberíamos estar agradecidos por haber sido “conquistados”. Esta idea atraviesa muchas de sus páginas, donde se afirma que “somos unos resentidos que odiamos a España por lo que hizo” y que, por ello, “consideramos legítimo pedir a España una disculpa por los hechos históricos”. El autor refuerza esta postura con constantes alusiones indirectas al gobierno y a la polémica contemporánea en torno a este tema. El mensaje es claro: España llegó para “ayudarnos” a construir una mejor cultura y una mejor sociedad, porque —según el propio autor— los pueblos originarios, por sí mismos, “no habrían llegado a ningún lado”. Ante este discurso surge una pregunta fundamental: ¿dónde está el rigor histórico? Es comprensible que una obra de divulgación no cite con el mismo nivel de detalle que un trabajo académico; sin embargo, como mínimo, debería incluir fuentes al final del libro, sobre todo cuando se mencionan constantemente hechos, datos y referencias históricas de manera dispersa a lo largo del texto. Otro punto problemático es la veneración de la figura de Hernán Cortés. Como alguien que ha estudiado historia, considero que no se debe caer en extremos, sino presentar un balance y un estado de la cuestión a partir de las fuentes y los hechos. No obstante, en este libro Cortés aparece casi como un libertador, la figura que nos “liberó” de pueblos que “solo hacían sacrificios”. No se trata de presentarlo como el villano absoluto ni como un héroe incuestionable; sin embargo, aquí se enfatiza únicamente todo lo “bueno” que trajo Cortés al desobedecer a Velázquez y lograr la llamada “conquista” —término que el propio autor considera incorrecto, pues sostiene que no hubo tal conquista. Entonces, ¿dónde quedan los autos de fe, los juicios de la Inquisición bajo Zumárraga, las encomiendas y sus consecuencias? ¿Cómo fueron estas para los pobladores nativos? Para el autor, todo esto parece diluirse u olvidarse. El nacimiento de la Nueva España se presenta como el mejor escenario posible: una convivencia armónica en la que los mexicas y otros pueblos aceptaron sin mayor conflicto lo que los españoles les “impusieron”, bajo el argumento de que no lo conocían y que, por lo tanto, era mejor.
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