Reseña del libro "El niño que enloqueció de amor y otras narraciones"
¿Por qué buscar llorar o leer para llorar? Leer para ser removido, ser llorado por el libro. Con una prosa a veces lírica (en la voz del protagonista), a veces realista (en el registro del narrador), nos enfrentamos al cuaderno encontrado, la herencia íntima y el secreto compartido. Un niño escribe su día a día para amortiguar lo que siente. Desde sus primeras páginas, las emociones brotan y se acumulan para atravesar a las y los lectores: nervios, vergüenza, lágrimas, rabia. Lenguaje emocional distinto al lenguaje otro de la adultez. El niño difícilmente soporta el contacto físico con Angélica, porque la idealización no soporta el cuerpo. En jerga de nuestro tiempo, el niño no sabe gestionar sus emociones, cae en la lógica del hombre que idealiza y culpa a la mujer por la construcción mental que hizo de ella.
Eduardo Barrios
Nació en Valparaíso el 25 de octubre de 1884. Su padre era chileno y murió en la Guerra del Pacífico cuando el autor tenía cinco años. Su madre era de nacionalidad peruana, razón por la cual vivió en Lima y pasó una infancia y adolescencia poco felices en el Perú, por el rechazo que su doble nacionalidad despertaba en los otros niños. Si bien publicó algunas obras de teatro, fue El niño que enloqueció de amor la obra que le dio fama y le permitió trabajar como redactor en diversas revistas y ser parte del grupo Los Diez. En 1925 ingresó a la Biblioteca Nacional, donde fue director para posteriormente asumir como ministro de Educación. Posteriormente se retiró de la función pública y se dedicó a la agricultura, siempre escribiendo novelas, cuentos y piezas de teatro, además de colaborar con periódicos nacionales. Algunas de sus obras destacadas son Un perdido, El hermano asno, Gran señor y rajadiablos, Tamarugal, Lo que niega la vida. En 1946, recibió el Premio Nacional de Literatura y en 1949 el Premio Atenea que otorga la Universidad de Concepción.