Reseña del libro "Nowhere City"
Al este, muy al este, se dice que esta Nowhere City, pero la ciudad maldita no aparece en los mapas, ninguna carretera la anuncia, nadie la encuentra por accidente. Es ella quien llama. Entre la niebla de sus calles y los espejismos de sus hórridos habitantes, los tormentos, anhelos, venganzas y culpas; la cólera, el dolor y el goce toman forma corpórea, carne y voluntad. El Susurro gobierna y deforma las leyes naturales hasta convertir la realidad en la pesadilla absoluta; los elegidos son expuestos a los horrores primigenios, influenciados por poderes intangibles y pérfidos, fuerzas desquiciadas que buscan fagocitar la existencia misma. Nowhere City no es una ciudad; se trata de un instrumento. Un mecanismo vivo, paciente y perverso, levantado para que las fuerzas etéreas del territorio situado más allá del universo conocido encuentren una grieta por donde atravesar. Desde los despojos de universos anteriores, los horrores del Vacío observan nuestro plano con hambre antigua. No buscan conquistar la existencia; pretenden consumirla, reducirla al silencio absoluto de la Verdadera Muerte. Los convocados son probados, quebrados, reescritos. Sus anhelos se vuelven trampas; sus recuerdos, escenarios; sus dolores, llaves. En algún lugar bajo los cimientos de la niebla aguarda un antiguo señor, un afán rabioso, deseoso y famélico. Quien pueda descifrar la configuración sellará el destino de todo lo vivo. Entrar en Nowhere City significa ser testigo de la verdad. Descubrir que la realidad es apenas una membrana, que la insignificancia de la vida es aún mucho más fútil. Y que, al otro lado, la Nada espera desde siempre, demente, insaciable, retorcida y mucho más real que cualquier amenaza jamás concebida.